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Cómo organizar la recepción de facturas de proveedores.

La recepción de facturas de proveedores parece un trámite administrativo… hasta que crece el volumen. En ese momento empiezan los problemas: facturas que se pierden en correos, duplicados, documentación incompleta, aprobaciones que se eternizan y proveedores preguntando “¿en qué estado está?”.

Organizar este punto del proceso no va de “tener una carpeta mejor”, sino de construir un circuito fiable: que todo lo que entra quede registrado, se valide antes de circular internamente y pueda aprobarse con orden, sin fricción y con evidencia.

Por qué se desordena tan rápido la recepción de facturas

En muchas empresas el origen del caos no es la factura, sino el modelo de entrada: varias direcciones de correo, reenvíos, carpetas compartidas y criterios distintos según quién lo gestione. Cuando no hay un registro único, aparecen dos consecuencias inevitables: se duplica el trabajo manual y se pierde trazabilidad (qué llegó, cuándo, quién lo revisó y qué se decidió).
La solución empieza por asumir una idea simple: no basta conrecibirfacturas; hay que gobernar su flujo.

Un proceso claro en 5 pasos

1) Definir un canal único de entrada (y hacerlo cumplir)
El primer paso es eliminar la dispersión. Decide un único canal para la recepción (sea correo dedicado, portal o bandeja centralizada) y comunícalo a proveedores. Si mantienes varios canales “por comodidad”, el coste lo pagas en duplicados y facturas fuera de control.

En paralelo, conviene fijar una regla interna: una factura que llegue por un canal no oficial se redirige al canal único y no se tramita por vías alternativas. Esta disciplina al principio incomoda; a medio plazo, libera tiempo.

 

2) Validar lo mínimo antes de que la factura entre en aprobación
Una factura no debería empezar su circuito interno si está incompleta. Aquí no se trata de revisar el fondo del gasto, sino de comprobar que la factura es gestionable: datos identificativos, coherencia básica y que no faltan elementos esenciales.

Como referencia, la Agencia Tributaria detalla el contenido habitual que debe incluir una factura (numeración, fecha, datos del emisor y destinatario, NIF, descripción, base imponible y cuota, entre otros).

Si falta un dato clave, lo más eficiente es devolverla al proveedor en este punto, antes de que “rebote” por departamentos.

 

3) Clasificar y enrutar: quién debe verla y por qué

El tercer paso evita uno de los mayores ladrones de tiempo: “¿esto de quién es?”. La clasificación debe responder a dos preguntas: a qué proveedor/expediente pertenece y quién debe aprobarla.

Lo más efectivo es definir reglas simples (no un laberinto). Por ejemplo, enrutar por centro de coste o departamento, y usar umbrales por importe para escalados. El objetivo es que la factura no dependa de la memoria de una persona, sino de un criterio reproducible.

 

4) Aprobación con estados visibles y trazabilidad
Aquí se suele perder más tiempo del necesario por falta de visibilidad. Si nadie sabe dónde está la factura, se persigue por email y se multiplican los “reenvío por si acaso”.

La práctica que más orden introduce es trabajar con estados claros desde el primer día (recibida, validada, en aprobación, aprobada/rechazada, contabilizada/lista para pago). No hace falta complicarlo: lo importante es que el estado sea visible y que cada cambio deje rastro (quién, cuándo y qué decisión se tomó). Esa trazabilidad, además, reduce discusiones con proveedores porque convierte opiniones en evidencia.

 

5) Archivo y conservación: que sea localizable, seguro y con trazabilidad

Una vez aprobada y contabilizada, la factura no “desaparece”: se convierte en documentación que puede ser necesaria por motivos fiscales, mercantiles o de auditoría. El Reglamento de facturación obliga a conservar facturas emitidas y también las recibidas.
Y, desde el punto de vista mercantil, el Código de Comercio establece la conservación durante seis años de libros y documentación del negocio, debidamente ordenados.

Por eso el archivo no es una carpeta final, sino parte del proceso: debe permitir localizar rápido por proveedor, fecha, importe, estado y, si aplica, documentación asociada.

 

Tres problemas típicos y cómo evitarlos

El primer clásico son las facturas duplicadas, normalmente causadas por reenvíos, envíos por varios canales o cambios de interlocutor. Se previenen con dos medidas: canal único y control de duplicidad (por proveedor + número/serie + fecha + importe) antes de iniciar aprobación.

El segundo problema son las facturas “sin contexto”: falta el pedido, el albarán o una referencia que permita entender qué se está pagando. Aquí funciona muy bien exigir referencias mínimas y facilitar que la documentación asociada se adjunte desde el inicio del flujo, no al final cuando ya hay prisa.

El tercero son las aprobaciones eternas, que casi nunca son mala fe: son bandejas de entrada saturadas. Los estados visibles y una asignación clara de responsable reducen este atasco de forma inmediata.

Qué debería “cumplir” vuestro sistema, incluso antes de elegir herramienta

Cuando la recepción se apoya demasiado en hábitos individuales, el proceso se vuelve difícil de sostener a medida que crece el volumen. Lo mínimo para que escale sin dolor es: un registro único de entrada, validación previa, enrutado a responsable, estados de aprobación y archivo ordenado con trazabilidad.

Cuando el volumen crece, centralizar la recepción y la interacción con proveedores en un portal de proveedores suele ser el paso natural, porque reduce el correo, estandariza la entrada y facilita estados y evidencias.

 

Si quieres ver cómo podríamos ayudarte a ordenar y automatizar este flujo en tu empresa, contacta con nosotros y lo revisamos contigo.